Relatos atávicos 2 -La valkyria-

–El campo de batalla se veía enrojecido por la sangre. Tanto de un lado como del otro, las vidas perdidas eran muchas. La guerra había sido inevitable, y por eso luchamos. Pero también porque en nuestra raza y en nuestros espíritus, el coraje y la bravía se imponen sobre cualquiera otra pasión. No podíamos dejar que los otros tomaran nuestros campos, nuestras casas, nuestras mujeres y nuestros niños. Los dioses nos protegerían, pues la lucha era un tributo a su existencia.
Pero luego, en medio de la lucha feroz establecida entre los hombres, el guerrero que pronunció esas palabras sucumbió ante el filo de una espada. Una vez en el suelo, Gunnar, guerrero de guerreros, fue perdiendo esa confianza en el destino que esperaba. La muerte se acercaba, con paso firme, y Gunnar, con los ojos teñidos por el dolor y la sangre y la impotencia, pensó que los dioses lo habían abandonado, pensó que los dioses no existían, creyó que todo era una quimera que hacía posible soportar la vida y la muerte.
Mientras su mente se enredaba, oyó un sonido familiar, la agitación del pisar de un caballo. Le pareció extraño, no había visto guerreros con caballos en la lucha. El sonido aumentaba su intensidad, hasta hacerse claro e inconfundible, era un jinete el que se acercaba, y se acercaba hacia él. Gunnar, el descalzo, era uno de los más temibles guerreros de la región, con sólo oír su nombre la tierra se estremecía; pero al oír ese sonido fue Gunnar el que tembló. No por la muerte, que se acercaba a su lecho de tierra y era inevitable, tampoco por el dolor, al que se había acostumbrado, sino por no saber qué era eso ni qué pasaría luego. Lo inesperado de ese sonido, calmo y extraño en medio de los gritos del campo de batalla, lo asustaba.
Abrió los ojos con dificultad, para ver al jinete, pero no supo bien qué veía, ya no podía confiar en sus ojos. Una mujer, de cabellos oscuros, en medio del campo de batalla. Lo miró y sonrió.
Gunnar el descalzo, en ese momento fatal, supo que los dioses lo amaban.

La cabalgata de las valkyrias

Cuento perteneciente a Treinta monedas de plata (inédito) escrito por Ma. de las M. B. Ávila y Sebastián A. Digirónimo