¿Qué se quiere decir cuando se habla de éxito en literatura o en poesía? Es fácil encontrar la respuesta que nos ofrecen los medios, y, si la dejamos, esa respuesta nos aplasta. En alguno de sus artículos Octavio Paz señaló que la palabra éxito se usa para los negocios y para los deportes: nada tiene que ver con la literatura y mucho menos con la poesía. Pero suele olvidarse. Cuando se habla de éxito en literatura o en poesía ya se deslizó el error. El éxito es editorial, porque es un éxito en el negocio, no en el arte. La proliferación de la publicidad que obtienen determinadas obras nos indica sólo que éstas cargan los laureles de la victoria editorial, no los de la gloria por el mérito artístico. A veces coinciden, pero eso es azaroso y no hay que dejarse engañar.
En estos extraños días se han publicado muchos artículos que se relacionan con los éxitos editoriales y finalmente con la creación de un programa informático que pretende sustituir a los escritores. Los artículos se relacionan con el mismo fenómeno, y, cada uno en su rasgo y particularidad, es una pequeña muestra de todo el problema.
La mayor parte de las editoriales necesitan vender, ese fue siempre su objetivo pero lo es sobre todo hoy. Han ingresado en la lógica del mercado y, como una empresa cualquiera, deben sólo ganar dinero. Entonces surgen todo tipo de artilugios y técnicas para ofrecer un producto que le agradara al consumidor. En la frase está ilustrado el problema. No hay lectores sino consumidores, no hay obras sino productos que deben instalarse en un mercado.
Es que, desde hace un tiempo, se ha vuelto extremo el temor al riesgo, y se pretende reducirlo hasta casi hacerlo desaparecer. Los hombres de negocios no quieren arriesgar su dinero en un proyecto cuyo éxito no estuviera garantizado de antemano. Y las editoriales, por supuesto, se incluyen en esa tendencia. Hacen estudios del mercado, de los compradores potenciales, de los intereses, edades, niveles de adquisición económicos, costumbres, y hasta estudian la posibilidad de vender dos productos en forma combinada, por ejemplo un libro junto con un par de sandalias para caminar por la playa… Y en ese intento por controlar el riesgo se ha llegado al punto de intentar controlar al escritor, que es una de las fuentes primarias de riesgo para los editores.
De esa forma llegamos al artilugio que ha surgido en estos días. Se trata de un programa informático que escribe novelas en tres días, y las corrige en otros tres, sin necesidad de tener que lidiar el editor con un escritor que a veces se paraliza, que no puede entregar la obra en los plazos convenidos, que no está conforme con los resultados de su escritura y que osa querer cobrar su paga. La última afirmación no es un invento: brotó de los labios de un editor orgulloso y satisfecho:
«El editor está feliz: entre las ventajas de PC Writer 2008, anotó que podría prescindir de los escritores, con sus faltas de inspiración, sus retrasos y sus elevados salarios, en los casos más famosos.»
¿Pero habrá éxito en la obra así construida? Quizá. Éxito puede haber. El lector-máquina, ese nuevo tipo de lector no-lector que comienza a proliferar será quizá el primero en comprar las novelas del escritor-máquina. Y si hay ventas hay también éxito. ¿Pero se trata acaso de una obra?
He aquí que inevitablemente se incluye el problema del arte y la creación y el espíritu poético. Porque basta saber escribir las letras del alfabeto y algunas palabras para escribir un mensaje, una nota, pero no alcanza para escribir verdaderamente una obra de arte. (Un detalle que no debe pasar desapercibido: el programa escribe novelas y allí está Oscar Wilde recordándonos que novelas en tres tomos puede escribirlas cualquiera, basta para ello sólo desconocer el arte y la vida.)
Octavio Paz, en su artículo titulado “Visita a Robert Frost” señaló que la vida es semejante a la poesía. Cuando se escribe una poesía hay en cada línea una tensión y un riesgo, porque el poeta debe estar a la altura en la línea siguiente y no sabe si lo logrará. Es un salto al vacío, y lo más importante, hay quien elige y se hace responsable por ello. El artista se arriesga. De la misma manera, los que rechazan el riesgo en los negocios también rechazan la poesía. No les queda otra salida.
Bien sabemos que cualquier hombre alfabetizado puede escribir, pero esa capacidad no lo convierte en escritor. Es semejante a lo que ocurre con la lectura. La lectura no se reduce al mero acto de pasar los ojos sobre los caracteres inscritos en una página en blanco. Escribir no se reduce a trazar garabatos que otros pudieran comprender. Pero hay en la actualidad toda una tendencia que intenta negar esa evidencia. De allí el escritor-máquina que escribirá sólo para lectores-máquina.
El programa de escritura que han inventado, escribirá, y escribirá mucho. Pero no contará con la verdadera calidad artística que ofrece el poeta, aunque podrá haber un remedo automático de ella. Pero faltará aquello que se refleja en toda obra verdadera: en lo escrito irrumpe algo más, el efecto poético es siempre inesperado y nunca automático.
A la máquina le faltará la carne, y el efecto poético se siente también en la carne y es allí que resuena. El editor orgulloso y satisfecho, en su mezquino deseo por ahorrar un poco de dinero, pagará, sin saberlo, un precio mucho más alto. Y lo hará aunque vivimos en un mundo en el que todo se vende, y en el que la calidad artística ya no interesa, en un mundo de lectores-máquina-consumidores.
Regresaré a mi biblioteca y en ella me detendré a contemplar lo que el tiempo nos ha legado. Todavía hay verdaderos editores y de vez en cuando echan a correr las obras completas de los clásicos. Bienaventurados aquellos que aún aprecian el arte.
De todas formas no hay que agitarse demasiado: la poesía será siempre de los poetas.





Estimada Aqueos:
Este tema es fantástico y la pasión que le imprimes es muy estimulante.
Desde el punto de vista económico también es fascinante, pues una de las características de los mercados maduros es la segmentación natural.
Así, celebro que nazca este segmento literario de consumistas, pues los flujos de dinero rozarán muy seguramente a otros segmentos literarios menos comerciales.
Qué bueno que la editoriales han encontrado y estén implantando un modelo de negocios exitoso, pues garantizará su supervivencia. Y con ella, la de los poetas y filósofos.
Pareciera ser que las obras maestras no pueden financiarse en el mercado tradicional, pues las leyes de oferta y demanda quedan “cortas” y sobre todo carecen de conciencia parea distinguir el talento. Se requieren mercados paralelos, donde es necesario inyectarle “artificialmente” recursos y canalizarles tiempo “robado”. Y casi -contra toda ley económica- obligar a vender y a comprar. ¿Será?
Querido Rafael:
Si las ventas a gran escala de un éxito comercial pudieran garantizar la existencia de un Goethe, de Wilde, o de otros tantos como ellos, todo el movimiento comercial de las editoriales es agradable… pero en verdad creo que las nuevas editoriales una vez que han comenzado a ganar dinero, sólo desearán seguir ganando dinero. Espero que en ese movimiento rocen otros segmentos literarios.
Sin duda los poetas seguirán existiendo, aunque aislados.
También puede ocurrir que todo este gran movimiento genere más poetas, que nazcan por el sólo hecho de ir en contra de esta corriente.
¿Será?
Esperemos que sea.
Muchos saludos.
Aqueos
Hola. Te dejo mis saludos y mis felicitaciones por atreverte a opinar de la forma que lo haces acerca de este tema que ya has tratado antes.
No me confieso adepto de las grandes obras clásicas, pero comparto del todo contigo que no todo puede ser negocio, sobre todo en el mundo del arte.
Un abrazo, P.
¡Hola Pablo! ¡Tanto tiempo sin que nos visites!
Gracias por tu comentario.
Te envío muchos saludos y un gran abrazo.
Aqueos
8 de marzo/ Día Internacional de la Mujer trabajadora/
Felicidades a todas Nosotras Mujeres en este Día.
Y desde ya en especial a vos, Aqueos, felíz destinataria de este breve mensaje …
A ver cuándo te tengo por el blog…
Saludos, con afecto; Aquileana
¡Gracias por tu saludo Aquileana! A ti también te envío felicitaciones por este día.
Pronto estaremos en contacto.
Un gran abrazo y saludos.
Aqueos