Hace pocos días un comentario de Rafael Frias trajo una vez más a mi pensamiento el problema de la lectura y la erudición. Rafael, al comentar Creación y serie, dijo lo siguiente:
“En cuanto a la originalidad. Es verdad que es necesario haber leído las principales obras clásicas para incrementar el acervo cultural y -a la vez- afinar la agudeza intelectual. Conozco muchos que han leído exhaustivamente. Y de ellos, pocos son originales al escribir, o al pensar. ¡Increíble! ¿Para qué les habrá servido “quemarse” tanto las pestañas?
Su sueño sigue siendo ser escritores y aunque carecen de talento son escritores. De esos que señalas que escriben lo que puede venderse.”
Esto permite pensar algunas cosas acerca de la lectura, porque no es lectura el mero acto de pasar los ojos por una página. Hay muchos que parecen leer, pero que demuestran a las claras que cuando les llega la hora de escribir, la musa les huye. Es fácil pensar en la erudición sin alma como ejemplo mejor de ello. Esa erudición que, bien mirada, es sólo pereza mental (ya lo dijo una y mil veces Unamuno.)
Y es que la lectura parecería deber ser un fin en sí misma, no un mero medio para alcanzar otro fin. Todo verdadero escritor es, antes, un verdadero lector. Un verdadero lector es aquel que predispone su espíritu para la poesía, aquel que pone su alma toda en las líneas que va leyendo, aquel que hace un esfuerzo de poesía.
Es fácil pensar en Borges como uno de los mejores ejemplos de ello, la imagen del viejo ciego que sólo quería leer es bastante contundente. Él mismo se definió como un lector hedónico y como un hombre que podía enorgullecerse sólo por los libros que había leído. Lector hedónico es la definición de la verdadera lectura, porque la felicidad se basta a sí misma.
Con respecto a los eruditos, y en especial a la erudición sin alma, en verdad pululan por todos lados y no es difícil encontrarlos. Basta tomar, como ejemplo casi azaroso, una edición de la Divina Commedia que estuviera anotada, y acaso que contuviera alguna nota introductoria hecha por un “estudioso” de Dante y rápidamente se vería que hay demasiados conocimientos (la mayoría superfluos y a veces delirantes, además) y nada queda de la poesía. Tal vez la obra de Dante es la que más ha sufrido el problema de la interpretación, de las notas a pie de página y de los estudios preliminares. Y basta leer un rato las notas del comentador de turno para terminar mesándose los cabellos de dolor. La musa, según ellos, se mide en forma automática, se repite en fórmulas y se controla enteramente.
Es que los estudiosos, incapaces de sentirla, tratan rápidamente de explicar la poesía, y eso es un error fatal. La poesía no se explica, no se interpreta, sólo es. Se puede intentar explicarla, se pueden buscar interpretaciones, pero sólo si se sabe de antemano que en la explicación perderemos mucho de su esencia y que la interpretación se pierde en los laberintos del sentido, que son infinitos. La poesía es así: en el momento exacto en que se trata de explicarla, se pierde. Los poetas lo supieron desde siempre.
Leer grandes obras no nos asegura ser grandes escritores, sin embargo sí nos asegura el aprendizaje de aquello que más importa: cómo ensanchar el alma. Leer en serio, es decir sin otro fin que la lectura hedónica, nos permite encontrar en nuestro pecho, sin haberla buscado, un alma distinta, llena de poesía.
Leer para exhibir la lectura es una de las peores tragedias que pudieran ocurrirles a los hombres, y es ciertamente peor que no haber leído.

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Aqueos y S.A.D.





Estimado Aqueos:
Agradezco profundamente que me incorpores directamente en este ensayo.
He disfrutado enormemente cada línea. El ritmo ha sido mágico, pues he percibido la pasión que le has impreso a cada argumento.
Del maestro Borges, escuché a alguien citarlo en el sentido de que su felicidad máxima es -por encima de leer- releer. ¿Y cómo no? Si en cada nueva lectura se abren nuevos diálogos internos.
Al leer una parte de tu reflexión me ha venido a la mente una frase: Leo, luego existo. Después escribo.
¡Un abrazo!
Rafael
Dicen que Platón siendo un infante fue tocado en los labios por la abejas portadoras de la miel que Apolo les concedió. De manera que desde entonces, las palabras de Aristócles, embelesaron a los hombres y mujeres de todas las generaciones, las habidas y por haber. Yo recuerdo que dijo:
“La escritura es muy inferior al recuerdo. La escritura es como la pintura: siempre está silenciosa y, al contrario que el habla, no se le puede adaptar a los individuos. Pero hay otra clase de escritura, grabada en las tablillas de la mente. ¿Qué hombre sensato plantaría semillas en un jardín artificial, para que produjeran fruto o flores a los ocho días,y no en el suelo más profundo y adecuado? Por diversión, puede plantar sus bellos pensamientos en ese jardín, pero si su pretensión es seria, los implantará en la suya y en otras naturalezas nobles.” Fedro. 257 c 5-277 a 4
Vivimos en un mundo que desde la monstruosa Edad media, ha confinado las palabras, los discursos, los sentimientos , en la jaula dorada y rectangular que los libros son. Creo que el bello evangelio de JUAN,comienza con: “En el principio fue el verbo…”, curiosamente los Upanishad que están en los ARANKAYAS, empiezan de la misma manera, con la misma frase. Si no os he convencido, pensad que no es lo mismo escuchar EL GOLEM recitado por Borges, que leído por la voz insonora de nuestra mente. No es lo mismo proferir que inscribir, ni escuchar que leer. Mas, ante un mal menor….
Saludos y perdón por lo extenso de mi comentario.
Mmm… Rafael Echeverría en su libro “La Ontología del Lenguaje” trata en uno de sus capítulos acerca del cambio lingüístico que representó, la invención de la escritura.
Para no extenderme demasiado, nos plantea para ilustrar su punto, la educación de los menores, la cual estaba a cargo de los poetas, quienes enseñaban los conceptos de la vida ligados a acciones -el llamado lenguaje del devenir-, en el cual se contaba por ejemplo la historia de Odiseo, y se decía que era astuto como serpiente, y los niños entendían que las acciones que Odiseo realizaba constituían el ser valiente y astuto.
Si nos preguntamos a nosotros mismos por estos conceptos, seguramente buscaremos una abstracción para decir qué es la valentía -perdón, pero no recuerdo el nombre del lenguaje contrario al devenir.-
Aun así, concuerdo con lisis, en lo del mal menor.
Saludos
Queda claro que no es la lectura el fuerte de la época actual.
Saludos
Estimados amigos, sus palabras, como siempre, abren nuevas oportunidades para pensar.
Rafael:
Muchísimas gracias por tus palabras. En tu comentario has mencionado el arte de la relectura, una de las actividades más preciadas con las que un verdadero lector puede encontrarse y que da cuenta del hecho que un libro contiene infinitas lecturas. Borges, efectivamente, ha dicho que más importante que leer es releer. Otro que ha ensalzado la relectura es Oscar Wilde, seguramente en su ensayo titulado La decadencia de la mentira y quizá en algún otro lugar que ahora no recuerdo (pero ya releeré lleno de felicidad.)
Lisis:
Efectivamente Platón temió que la escritura tuviera como resultado el debilitamiento de la memoria. Ese temor merece considerarse todavía hoy, porque tiene algo de verdad, pero la consideración debe ser cuidadosa.
En el arte de la lectura ingresa cada sujeto como lector para hacer que el verbo cobrase vida o no. Es excelente la frase que citas, pues en ella se lee claramente lo que hace el espíritu poético: planta las semillas en el alma del que lo escucha, o, en el caso de la lectura, del que lo lee.
La falsa lectura de un erudito mata ese espíritu y convierte ese temor de Aristocles, el de anchas espaldas, en una verdad pura. Habría que evaluar con cuidado si el temor de Platón no era el temor del poeta, es decir, el temor que genera el hombre mediocre y el hombre rutinario, de quien huye la poesía porque no está dispuesto a hacer el esfuerzo necesario para retenerla.
No coincido, por otra parte, con que el poema de Borges fuera mejor en la voz del mismo Borges que en la lectura. Todo el esfuerzo de la poesía consiste en que cantara la voz del poeta dentro de nosotros cuando leemos. Ocurre el hecho poético cuando el poeta escribe sus versos, pero ocurre de nuevo cada vez que un lector verdadero hace el esfuerzo de lectura verdadera, que es un esfuerzo de poesía.
Aprecio tus palabras porque generan el movimiento de las ideas.
Pablo:
Muchas gracias por tu comentario. Intentaremos ver el libro que mencionas para extraer de él aquello que pudiera servirnos en nuestras reflexiones.
Saludos
José:
Gracias por tus palabras. Cada vez más personas empiezan a percatarse de esa tragedia. Los poetas lo denuncian desde siempre, pero en la época actual el problema se ha exacerbado. Uno de los libros mejores sobre el tema, más bien actual, es Homo videns de Giovanni Sartori.
La PAIDEIA, que menciona Pablo, no era escrita, era cantada con cítaras. Al respecto: PAIDEA, W JAEGER. (IMPRESCINDIBLE LECTURA)
Aqueos, no olvides que PLATÓN en su último diálogo, LAS LEYES, expulsa y prohíbe a los poetas y a los extranjeros de la ciudad ideal. ¿Sintomático no?
De todas maneras Heidegger estaría muy de acuerdo con vosotros, mas por estas ideas se le achacó un retorno al mito, con todo lo que eso significa. SER Y TIEMPO, Heidegger
SALUDOS
Estuvo buenísimo.
Felicidades, ¡guau!
¡Gracias!
Aqueos
[...] Aqueos, ha publicado recientemente dos ensayos que nos dan luz al respecto: Creación y serie y Lectura y erudición. En el segundo, puede encontrarse un bello y contundente pasaje: “Todo verdadero escritor es, [...]
Estimados amigos: gracias por permitirme intervenir y ahora…, al grano. Creo haber sido y ser un apasionado lector; sin embargo no me detengo en la relectura pues tengo 68 años y aun suponiendo que me queden algunos más, no me alcanzaría el tiempo para leer todo lo que quisiera; no en especial de literatura, sino en el campo del pensamiento, de la filosofía. En cuanto a escribir, salvo honrosas excepciones, se me ocurre que el afán, la finalidad de muchos es publicar; escribir es sólo un medio para ello. Es algo así como poner el caballo delante del carro y entonces sucede lo que tan bien se describe en el texto. Se olvidan de lo esencial, sólo les preocupa ver su nombre en letras de molde, por supuesto cobrar.
A mí me gusta escribir y lo hago y reescribo para perfeccionarlo, pero no pasa por mi cabeza verlo publicado.
Gracias por el comentario lúcido e interesante. La parte última nos recuerda muchos artículos de Unamuno. El escritor escribe, la publicación no debería ser ni siquiera considerada por él. De la misma manera, el mercachifle publica, y poco le importa qué escribe. Por eso el mercado editorial es lo que es. Y el público lo acepta todo (salvo el genio, como señaló Oscar Wilde.) Es bueno saber que hay todavía sobre la tierra hombres que saben que la publicación no debe ser el fin de la escritura, y entonces sienten y viven la escritura por la escritura.
En el bello comentario, además, está subrayada la tragedia fundamental: la del tiempo. Todo lector verdadero sabe que no le alcanza la vida para leer todo aquello que merece lectura (que es la menor parte de lo publicado, pero sin embargo es muchísimo), pero a la tragedia del tiempo se le suma esa otra tragedia, que hace todo mucho más trágico y arranca la sonrisa resignada del hombre trágico, que es el hombre lúcido: la lectura mejor y más fructífera es la relectura. Por eso algunos han escrito que una vida en la cual se hubieran podido leer verdaderamente bien cinco o seis libros sería una vida aprovechada al máximo.
Esas son las dos tragedias que los mercachifles que viven para publicar intentan negar todo el tiempo. Y llenan los anaqueles de libros prescindibles que sólo entorpecen a los trágicos lectores futuros.
Festejamos profundamente el comentario. Sigamos leyendo y escribiendo, y no nos preocupemos por la publicación, casi siempre inadecuada. Disfrutemos la tragedia fundamental. De nada les sirve negarla a los que la niegan: ella los arrastra de todos modos. Y es claro que en el río del olvido se hunden con mayor rapidez los que viven para publicar que los que viven para escribir.
Saludos.
El ensayo, excelente; más tengo mis dudas sobre algo que se ha comentado en él. Hubo quienes destacaron las bondades de la relectura, mi inquietud es: ¿hay tiempo para releer, con tanta buena literatura clásica y contemporánea que tiene un ser humano a su disposición? Y no cuento -porque no me interesan- los así denominados “best seller” ni los de autoayuda. Desde mis primeros años fui lector compulsivo, hoy tengo casi 68, conservo todos mis libros a partir de los 15. Si bien no soy televidente asiduo, excepto los programas de animales no humanos, no me pierdo de leer el diario; además trabajo, pero he llegado a una etapa en que me veo obligado a racionalizar mi tiempo de lecturas, leer siempre, pero leer los clásicos, entre los que tambiíen hay muchos casi contemporáneos -Borges, Kafka, Conrad, James, Balzac, Kypling- no me alcanzaría la página para nombrar a todos ellos, “mis amigos”; además ahora, desde hace 4 años estoy incursionando en filosofía ¡Ojalá tuviera tiempo para releer!
Finalmente, quiero felicitar a la autora de la página; la tengo entre mis favoritas. Juan D.
Estimados amigos; habitualmente, a la noche,
-cuando el músculo duerme y la ambición descansa, como poéticamente dice un viejo tango- recorro esta página para encontrar la paz espiritual que invada mi vida onírica. Realmente, en cada una de sus colaboraciones encuentro material de una riqueza imposible de describir con palabras. Ello ha producido en mí el efecto de olvidar que hacía dos meses ya había hecho un comentario sobre el mismo texto del cual me “re” deleité ayer. Sólo ahora me resta felicitar a Aqueos y S.A.D. y pedir mis disculpas por el lapsus.
Estimado Al tair:
Seguramente S.A.D. te responderá luego, por mi parte yo lo hago ahora.
Agradezco mucho tus palabras y comentarios, son halagadores.
Con respecto a la relectura, me alegra que te haya ocurrido esto de releer y comentar un artículo que ya habías comentado y leído antes. Como puedes apreciar, uno solo vuelve a leer algunas cosas, uno solo regresa a ciertas obras.
La relectura ocurre, sin necesidad de impulso casi.
Te envío muchos saludos. ¡Y bienvenido el lapsus!
Aqueos