El árbol del orgullo
La historia del “Árbol del orgullo” está en el libro titulado The man who knew too much de Chesterton.
Un ermitaño, un santo llamado Securis, pidió para los árboles el don del movimiento, y ellos, una vez concedido el don, acompañaron el paso de su cuidador. Fue el amor del ermitaño por los gigantes verdes el que consiguió, para éstos, la liberación del suelo, mas esa libertad estaba acompañada por una prohibición: la de no comportarse como los animales, no devorar ni destruir.
«Pero uno de los árboles oyó una voz que no era la del monje; en la verde penumbra calurosa de una tarde, algo se había posado y le hablaba, algo que tenía la forma de un pájaro y que otra vez, en otra soledad, tuvo la forma de una serpiente.»
El gigante se vio tentado por ese pájaro extraño, que con palabras sencillas le habló y lo sedujo convenciéndolo de su fuerza y poder. Acercó además a las aves del orgullo, los pavos reales, para que se posaran en sus ramas. Y el árbol débil, como un hombre, las aprisionó hasta matarlas.
El pecado fue revelado en la primavera con la llegada de los verdes brotes, pues los brotes del árbol no fueron hojas sino plumas, plumas azules como las de aquellas aves que habían muerto en sus brazos.
Podríamos imaginar que a partir de ese momento el árbol ya no pudo moverse. Y que en su quietud permanece como un monumento, un recuerdo y una advertencia.

La fotografía -de mi autoría- fue tomada en el zoológico de la ciudad de La Plata.





¡¡Guau!! No dejo de sorprenderme con la botánica fantástica. Me pregunto donde podré ver un árbol con plumas… a más de alguien pudiera servirle de advertencia.
Saludos, y felicitaciones por tu foto -alguien aquí en la oficina acaba de de quedar maravillada con ella.-
Gracias por las felicitaciones.
La idea del Árbol del orgullo siempre me ha parecido cargada de poesía pero al mismo tiempo ominosa, pues en ella convergen el aspecto amable y protector de un árbol y a la vez lo extraño, lo terrible que es pensar sólo en la posibilidad que mientras uno descansa bajo su sombra el árbol se mueva.
Aún así creo que la pluma de Chesterton nos ha entregado un fragmento que todos deberían conocer.
Muchos saludos.
Aqueos
Entre lo que veo y digo,
entre lo que digo y callo,
entre lo que callo y sueño,
entre lo que sueño y olvido,
la poesía.
Octavio Paz “Decir: hacer”
Aqueos puedo decirte desde estos alpes helados con temperaturas siberianas que cada entrega de tus distintas páginas y siempre en tu “Botánica fantástica”, permites inundar de calor nuestras almas y nos haces reflexionar acerca del hombre, nuestra humanidad matizada de tantas limitaciones y tan pocos talentos.
¡Gracias por la poesía!
Pétalos de ternura
Gracias por tus amables palabras.
Te envío mis saludos.
Aqueos
Sublimemente poético el relato de Chesterton; las metáforas son afortunadas , realmente dignas de un oriental, antes que de un inglés…
Me pareció genial la parte última , cuando el pecado se revela en la primavera a partir de las plumas azules.-
Abrazo Aquileana
¡Muy buena lectura!, se ve que te gusta leer y de lo bueno. Gracias por el comentario del relato de Cortázar en el grupo, si querés en mi blog publiqué el texto inédito “Ciao, Verona” que estoy seguro que te va a gustar mucho. Un abrazo y nos seguimos leyendo.
Aquileana y BLOGus:
Muchas gracias por sus comentarios.
Les envío mis saludos.
Aqueos
Las fotos develan que el mundo es más extraño y maravilloso de lo que creemos. Desacostumbramos nuestros ojos al asombro.
Ciertamente hay mucha poesía… mucha. No estoy del todo seguro de que tanto venga esto al caso, pero de alguna forma, en oposición al orgullo, me he recordado un verso:
1 *Dichoso el *hombre
que no sigue el consejo de los malvados,
ni se detiene en la senda de los pecadores
ni cultiva la amistad de los *blasfemos,
2 sino que en la *ley del Señor se deleita,
y día y noche medita en ella.
3 Es como el árbol
plantado a la orilla de un río
que, cuando llega su tiempo, da fruto
y sus hojas jamás se marchitan.
¡Todo cuanto hace prospera!
El hombre y la virtud, representado como árbol.
Saludos.