“La humildad y miseria del troglodita me trajeron a la memoria la imagen de Argos, el viejo perro moribundo de la Odisea, y así le puse el nombre de Argos y traté de enseñárselo.”
Así escribió Borges en el cuento titulado “El inmortal”, recordando al viejo perro de Ulises. Argos era el nombre de ese animal fiel que esperó a su amo durante veinte años. Fue el primero que reconoció al guerrero astuto a quien el destino le había impuesto el famoso regreso tardío.
De Penélope sabemos que tejía y destejía la mortaja de Laertes. De su hijo Telémaco que sobrevivió a las oscuras artimañas de los pretendientes. Pero de ese animal que esperaba en silencio sólo sabemos el nombre.
Y el nombre no es poco. Argos era uno de los mejores lebreles de Ulises y fue el único que lo reconoció cuando se presentó disfrazado de mendigo en su propio hogar. El sabueso, ya casi vencido por la tiranía del tiempo, llevaba una vida miserable; pero al ver a su amo lo reconoció de inmediato. El viejo perro se levantó lleno de gozo, sus ojos brillaron, su cuerpo olvidó los dolores y las faltas y los castigos. Luego, sin embargo, cayó. Había muerto.
Hay algo inquietante en la fidelidad del perro, pues es incondicional.





La Odisea es mi libro favorito. Argos, no estoy seguro de recordarlo bien en la lectura… ¿Argos no era también el nombre de una embarcación en la que Jason viajaba?
Bueno, el punto es que la forma de recordar a un viejo amigo, me ha conmovido. Casi me sentí yo Odiseo abrazando a mi can al llegar a casa luego de un viaje. Tal vez la vida del perro no fuera notable como para escribir de ella, y aun así es tan importante como para mencionarlo en el relato.
Bueno, en realidad pasé por aquí para agradecer tu visita, y tu comentario de respuesta en la entrada acerca de Fenrir.
Estimado Pablo:
Aprecio mucho tus palabras, y te agradezco por ellas.
Aquí algunos datos: Argos es el nombre de varios personajes, de una ciudad, de un barco y hasta de un ser monstruoso.
La ciudad Argos fue fundada por un descendiente de Zeus y Níobe del mismo nombre.
Jasón viajó en el Argos –que significa “Rápido”–, en su travesía en busca del vellocino de oro. A todos los participantes de la travesía se los denominó argonautas, por el barco. A su vez, el constructor de la nave se llamaba Argos y participó del viaje.
Argos, guardián de Ío, poseía mil ojos para vigilarla por encargo de Hera. Cuando murió en manos de Hermes, Hera trasladó los ojos al plumaje del pavo real.
El can Argos de la Odisea es nombrado en el Canto XVII, a partir de la línea 290.
De todos los Argos, es el sabueso el que me conmueve, por su fidelidad y espera. Ulises al verlo, llora su muerte en silencio.
Cordiales saludos.
Aqueos
Sabes, agregué un vínculo en mi blog hacia acá. Realmente me gusta leer por estos lados
El olor corporal es genuino de cada persona. A los perros no los engañamos con los disfraces.
Un episodio poético pierde toda su eficacia cuando intenta ser explicado. La verdad poética nada tiene que ver con la verdad fáctica.
(Sólo los poetas pueden entenderlo.)
Estimados amigos, muchas gracias por sus comentarios.
Más allá de la explicación, creo que Argos es un perro lleno de poesía.
Cordiales saludos.
Aqueos
Bueno , Borges era un hermeneútico y gran filólogo, no me sorprende que haya reparado en el nombre del perro de Ulises, y menos aún , que lo haya hecho en el Inmortal, un cuento que me parece realmente notable…
En fin , Aqueos : el blog, me gustó mucho y ya te incorporé al Blogroll… Un gusto descubrir tu mundo.
Saludos, Aquileana
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¡Gracias Aquileana!
Me ha parecido interesante y sorprendente la conjunción que se produjo entre Ulises y Calipso y la inmortalidad; y el nombre de Argos y Borges, en el cuento El Inmortal.
Muchos saludos.
Aqueos