El lobo
La historia del lobo es una de esas historias que deben conocerse, aunque más no fuera porque él es el paradigma de aquellos que están ya condenados desde antes de su existencia real. La historia, llena de poesía y tristeza, es el arquetipo de la historia de todo hombre. La historia del lobo es la historia del sujeto. Del que está sujeto desde antes de su nacimiento. Los psicoanalistas saben a qué están sujetos los hombres.
El lobo nació de una mala unión. Loki, As de los engaños, el malvado, el embaucador, el peor de los mejores, se unió con una giganta llamada Angrboda y con ella tuvo tres hijos: la serpiente Jormungand, el lobo Fenrir, y Hel.
Al conocer los frutos de esa unión, los Aesir se reunieron, “(…) y todos opinaban que sólo maldad cabía esperar de ellos, primero por parte de la madre y aún peor por la del padre.” Es interesante que los dioses mismos declararan que hay más maldad en uno de los suyos, Loki, que en uno de sus enemigos, la giganta. Al crecer el lobo, buscaron la forma de atarlo.
«Odín, Padre de todo, lo mandó a aquél que se llama Skínir, mensajero de Freyr, a la honda región de los Elfos Negros, éste habló con ciertos enanos, y les ordenó que forjaran el grillo cuyo nombre el Gleipnir. Estaba hecho de seis cosas: el sonido de una pisada de gato; la barba de una mujer; la raíz de un peñasco; los tendones de un oso; el aliento de un pez y la escupida de un pájaro.
»Cuando los Aesir vieron que el lobo estaba bien sujeto, tomaron la cadena que sostenía el grillo y que se llamaba Gelgja, y la pusieron alrededor de un gran peñasco, que se llamaba Gjöll y hundieron el peñasco en la tierra. Tomaron después una gran piedra y la empujaron aún más profundamente en la tierra. La piedra se llamaba Thviti e hicieron de la piedra un candado. El lobo abrió la boca de un modo atroz y trató de morderlos. Le metieron en la boca una espada, la empuñadura agarrada en su maxilar inferior y la punta en el superior. Ésta es su mordaza. El lobo aúlla terriblemente y le sale espuma por la boca y esa espuma forma el río llamado Vamm. Yace ahí hasta el Fin de los Dioses.» [1]

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La cadena que lo sujeta
Como se ha dicho, la historia del lobo es la historia del hombre. Juguetes de su destino que buscan luego alguna explicación plausible que diera cuenta de su suerte. En esa busca se encuentran oráculos, fechas, causas, herencias, etcétera. Se encuentran sentidos, porque el que los busca los encuentra y los sentidos, se sabe, son infinitos. Pero hay algo que está antes que la existencia del hombre, antes que su carne, antes que todo, y es justo eso lo que lo marca. Es la palabra, es el lenguaje. El hombre, como el lobo, está atado antes que Gleipnir lo aferrara.
Es que hay un Gleipnir anterior y adamantino que es el lenguaje y al igual que la cadena, está hecho de cosas que a los hombres le parecen nada y que, sin embargo, son todo. El sonido de la pisada de un gato, el aliento de un pez, la raíz de un peñasco…
Es la paradoja de la palabra: pese a que parece nada, tiene efectos en la carne.
El lobo, finalmente es una metáfora del hombre, pues está atado a su destino, pero su destino está escrito en el lenguaje, y lo ata desde antes de nacer. Gleipnir es el lenguaje, que lo sujeta.
[1] Snorri Sturluson (1220):Edda Menor, Alianza Editorial, España, 2000.





Antes de Gleipnir, los dioses tuvieron dos intentos fallidos con gruesas cadenas. Por eso es muy interesante el hecho que la cadena que logró sujetarle fuera tan delgada y de apariencia tan frágil.
Por otro lado, el lobo no era tonto. Sospechaba de los dioses, y para dejarse poner la cadena y probar su fuerza, pidió que alguno metiera su mano en sus fauces. No recuerdo el nombre, pero uno de los Ases perdió su mano en la faena.
La mitología cuenta que Fenrir era tan grande que con una mandíbula mordía la tierra y con la otra el cielo… con eso cualquiera se asusta.
Saludos
¡Gracias por el comentario!
Drómi y Laethingr fueron las cadenas anteriores a Gleipnir, que el lobo destrozó.
El dios que perdió la mano en las fauces de Fenrir fue Tyr.
Los dioses temían al lobo, pero en vez de matarlo -pues sabían que el lobo a su vez en el futuro mataría a Odín-, lo criaron. Y es en ese punto en el que no se puede dejar de pensar en que el lobo estaba ya atado a su destino. Eso es Gleipnir, no la cadena.
Nuevamente, gracias por el comentario.
Muchos saludos.
Hola Aqueos.
Excelente relato. Me impresiona la manera de transmitir estos mensajes tan profundos a través de la mitología. Invitan a la reflexión y a la vez refuerzan sus argumentos.
Recordé a Wittgenstein por cierto, quien construyó su filosofía alrededor del lenguaje. Así se le conoció, como el filósofo del lenguaje.
Por ser un distintivo con el resto de los seres vivos, la palabra permite conocer y crear más. Pero también – es probable – nos dicta nuestro destino. Fabuloso.
Saludos.
Rafael Frias
Estimado Rafael:
Fenrir es mi personaje prefeido de la mitología nórdica pues es un lobo que es sujeto (en el sentido de atravesado por el lenguaje como los hombres.)
La palabra es mágica, nos ata y nos libera.
Te agradezco mucho por tus cometarios, te envío muchos saludos y felicidades para este año que ya termina y para el nuevo que comienza.
Aqueos