La valkyria

–El campo de batalla se veía enrojecido por la sangre. Tanto de un lado como del otro, las vidas perdidas eran muchas. La guerra había sido inevitable, y por eso luchamos. Pero también porque en nuestra raza y en nuestros espíritus, el coraje y la bravía se imponen sobre cualquiera otra pasión. No podíamos dejar que los otros tomaran nuestros campos, nuestras casas, nuestras mujeres y nuestros niños. Los dioses nos protegerían, pues la lucha era un tributo a su existencia.
Pero luego, en medio de la lucha feroz establecida entre los hombres, el guerrero que pronunció esas palabras sucumbió ante el filo de una espada. Una vez en el suelo, Gunnar, guerrero de guerreros, fue perdiendo esa confianza en el destino que esperaba. La muerte se acercaba, con paso firme, y Gunnar, con los ojos teñidos por el dolor y la sangre y la impotencia, pensó que los dioses lo habían abandonado, pensó que los dioses no existían, creyó que todo era una quimera que hacía posible soportar la vida y la muerte.
Mientras su mente se enredaba, oyó un sonido familiar, la agitación del pisar de un caballo. Le pareció extraño, no había visto guerreros con caballos en la lucha. El sonido aumentaba su intensidad, hasta hacerse claro e inconfundible, era un jinete el que se acercaba, y se acercaba hacia él. Gunnar, el descalzo, era uno de los más temibles guerreros de la región, con sólo oír su nombre la tierra se estremecía; pero al oír ese sonido fue Gunnar el que tembló. No por la muerte, que se acercaba a su lecho de tierra y era inevitable, tampoco por el dolor, al que se había acostumbrado, sino por no saber qué era eso ni qué pasaría luego. Lo inesperado de ese sonido, calmo y extraño en medio de los gritos del campo de batalla, lo asustaba.
Abrió los ojos con dificultad, para ver al jinete, pero no supo bien qué veía, ya no podía confiar en sus ojos. Una mujer, de cabellos oscuros, en medio del campo de batalla. Lo miró y sonrió.
Gunnar el descalzo, en ese momento fatal, supo que los dioses lo amaban.

Ma. de las M. B. Ávila

2007

La cabalgata de las valkyrias

Los gritos

El sonido de los gritos era espantoso. No sabíamos qué estaba ocurriendo, sólo lo podíamos imaginar. Se habían llevado a los niños, y luego gritos, sólo gritos. En lo alto de la montaña se veía la silueta tenue de las sombras de los niños, también las de ellas. Y se oían los gritos…
Se habían acercado simulando una forma humana, pero en ellas había algo que no estaba bien: sus ojos no eran como los ojos de los demás; había algo oscuro, inefable…
Creí percibir malicia, pero no hice nada y sólo observé. Y de repente se los llevaron, los tomaron uno por uno y desaparecieron.
A esos clamores infernales, que provenían de lo alto de la montaña, les siguió el silencio. No sabíamos qué era más aterrador, si el estruendo amargo de los llantos o el vacío ensordecedor del silencio. Fijamos nuestra mirada en ese oscuro lugar, y con el cuerpo colmado de angustia, advertimos que regresaban, pero sin el simulacro, con su forma verdadera en la piel. Sus cuerpos semejantes a cadáveres ya secos y grises y viejos; sus ojos cargados de vacío. Ellas flotaban en el aire, en sus agujas, esas mismas que clavaron en el cuerpo de los niños.
Nos destruirían otra vez.
Comencé a gritar. Creí que ahora algo podría hacer, aunque más no fuera gritar. Ellas oyeron el sonido y gritaron más fuerte. Las mujeres que lloraban conmigo me acompañaron con los gritos, y generamos un canto. A ellas les dolía ese sonido. No era fácil, teníamos miedo. Mi voz temblaba. Después de un instante, cargado de eternidad, se fueron. Y fue en ese momento que ocurrió lo más horroroso: el sollozo de los niños se hacía cada vez más fuerte. Los vimos aparecer, meciéndose en el aire, con las agujas atravesadas en sus cuerpos, gimiendo por el dolor. Las agujas finas y diabólicas, dos en cada uno de los niños, cortaban sus carnes de un brazo a otro, y de los pies al cuello. Ellos lloraban, crucificados en agujas.
Todas las madres, todas las mujeres que estábamos allí en medio del campo, miramos hacia el cielo, ese negro cielo, y los niños se acercaron, poco a poco. No sabíamos qué hacer, ¿cómo seguir mirándolos? Un dios piadoso nos hubiera permitido arrancarnos los ojos.
Algunos de los hombres creyeron que era una de las señales del fin. El día en que todo se detendría. El día en que los hombres ya no contarían vanamente el paso del tiempo y por fin desaparecerían. Yo sólo pude llorar.

Ma. de las M. B. Ávila

Sebastián A. Digirónimo

Los números de 2011

Los duendes de las estadísticas de WordPress.com prepararon un reporte para el año 2011 de este blog.

Aqui es un extracto

La sala de conciertos de la Ópera de Sydney contiene 2.700 personas. Este blog fue visto cerca de 40.000 veces en 2011. Si fuese un concierto en la Ópera, se necesitarían alrededor de 15 actuaciones agotadas para que toda esa gente lo viera.

Haz click para ver el reporte completo.

Psicoanálisis puro y psicoanálisis aplicado: una grieta política

Et sane arduum debet esse, quod adeo raro reperitur.[1]


En esta página no importa tanto de dónde surge la dicotomía psicoanálisis puro-psicoanálisis aplicado. Importa más bien hacia dónde puede llegar a ir. El problema es el que ya señalara Miller: «lo que hace falta es que el psicoanálisis aplicado a la terapia siga siendo psicoanálisis y que se preocupara por su identidad psicoanalítica.»


Una de las actividades mejores para extraer una enseñanza es el comentario de textos (que no es una simple lectura a la letra, confundir ambas cosas implica olvidar aquello de Quignard de que «la traducción infiel es palabra por palabra infiel.») Esa actividad se puede ejercer incluso sobre textos imaginarios, inventando problemas. El comentario es siempre, de todas formas, una manera de plantearse problemas, de inventar, a través de la repetición, algo nuevo. Eso sin olvidar, como señala Miller, que el texto tiene, sin embargo, una estructura única, y que debemos entonces tener como meta que hay una sola lectura buena.

Se puede comenzar imaginando, por lo tanto, dos definiciones radicales. La primera rezaría lo siguiente: todo psicoanálisis es psicoanálisis puro. La segunda es, al parecer, enteramente opuesta: todo psicoanálisis es psicoanálisis aplicado. Trabajar sobre la aparente contradicción puede ser fructífero, sobre todo para echar luz sobre la grieta política que se abre a partir de la dicotomía.

Entonces, a partir de esas dos sentencias aparentemente contradictorias, se puede seguir un camino breve pero orientado (que es lo que más importa) y buscar en él algunas proposiciones no menos radicales que se desprenderían de las otras. El punto de partida es considerar que la contradicción es enteramente aparente y que ambas sentencias son correctas al mismo tiempo. Las proposiciones que se desprenden a partir de ellas son múltiples. Aquí subrayaremos cuatro.

Primera proposición: no es lo mismo tratar la actualidad por el psicoanálisis que el psicoanálisis por la actualidad.

Parece perogrullada, y, sin embargo, es fácil el deslizamiento de un lado al otro de la proposición. La actualidad entra en el consultorio porque el consultorio está ubicado en un tiempo y en un espacio. Por eso el psicoanálisis es siempre psicoanálisis aplicado y no es nunca una torre de marfil (temor que a muchos los hace considerar con desconfianza al psicoanálisis puro), pero es psicoanálisis con la condición de tener como horizonte el psicoanálisis puro. Esto quiere decir que lo que más importa no es el adjetivo, sino el sustantivo. Dejar que nos condujeran los ideales terapéuticos actuales subrayando los adjetivos implica generar una grieta dentro del psicoanálisis. Generar una grieta y perder de vista la identidad del psicoanálisis. Ello implica responder a la demanda social resignando lo que hace psicoanálisis al psicoanálisis.

(A las dos opciones mencionadas aquí se le agrega una tercera, delirante, que es la de Cottraux, uno de los coautores del Libro negro: se trata de echarle la culpa al psicoanálisis por la actualidad -dice, por ejemplo, que la decadencia del Estado es culpa del psicoanálisis. Esta tercera opción vale la pena considerarla sólo como witz.)

Segunda proposición: en el abuso de la dicotomía está escondida la voluntad de hacer del psicoanálisis una técnica (o la imposibilidad de soportar que no lo fuera.)

La dicotomía entre psicoanálisis puro y psicoanálisis aplicado es un problema porque genera una grieta en la cual se introduce con facilidad, para guarecerse en ella, el temor al enigma del sujeto que se despliega en la opacidad de un síntoma. Se trata de una grieta dentro del mismo psicoanálisis y por la cual se cuelan con facilidad los ideales de eficacia en breve lapso, funcionalidad, etcétera; ideales que configuran una posición política que va en detrimento del sujeto y a favor de los estándares ortopédicos con los cuales sostener consumidores funcionales. Es fácil aprovechar la distinción entre psicoanálisis puro y psicoanálisis aplicado para, sencillamente, borrar la dimensión del psicoanálisis mismo. Se trata de una grieta por la cual se introduce en el psicoanálisis, silenciosamente, otra lógica que no es la del psicoanálisis y que aborrece su ironía, su escepticismo, su irreverencia; esas características antimodernas que Miller subrayó en el anti-libro negro.

Tercera proposición: hay falsos problemas que se desprenden de una falta ética.

Una falta ética es, por ejemplo, descargar sobre las características de la actualidad algo que depende de la característica del objeto con el cual trabaja el psicoanálisis y que es el que lo orienta. Ese algo que le hacía a Lacan preservar la dimensión de la insatisfacción en sus formulaciones teóricas y eso que mencionó al final de su vida y que se entendió tan mal muchas veces: la idea del psicoanálisis como impostura. Lo real huye, tiene su consistencia propia, tiene su resistencia propia. Hoy y siempre. Más allá de las características particulares de la actualidad, más allá de las formas cambiantes de las presentaciones clínicas, no hay que olvidar eso otro, que le da su carácter específico a la profesión imposible del psicoanálisis.

El psicoanálisis es una experiencia y también un acto. Hay una pregunta que se repite de tanto en tanto: ¿el psicoanálisis lee un sujeto ya escrito o escribe un nuevo sujeto? Es acto, sobre todo, porque escribe un nuevo sujeto, y si no lo escribiera no sería psicoanálisis.

Esa escritura no es fácil, porque implica sostener todo el tiempo al sujeto. Esa escritura es tan difícil como la escritura verdadera de una página cualquiera. No es escritura el simple derroche de palabras: la escritura debe ser parida para ser verdadera escritura, pese a que la mayoría busca la salida fácil de la cesárea verbal. Esa salida fácil es coherente con los ideales terapéuticos actuales.

Cuarta proposición: convendría remplazar la dicotomía entre psicoanálisis puro y psicoanálisis aplicado por otra dicotomía que no pusiera en entredicho la identidad del psicoanálisis. Una dicotomía aceptable parece ser la que distingue los efectos terapéuticos y los efectos psicoanalíticos dentro de un psicoanálisis.

Esta cuarta proposición se trata de una proposición en el sentido de propuesta más que en el sentido de oración, enunciado o afirmación. Remplazar la dicotomía psicoanálisis puro-psicoanálisis aplicado por esta otra permite no perder de vista que ambos tipos de efectos ocurren siempre dentro de un psicoanálisis. Como se sabe, ambos tipos de efectos se relacionan de distintas maneras a lo largo de un psicoanálisis: no se pierde la identidad del mismo cuando se mantiene cierto equilibrio y no se sucumbe ante los ideales, cualesquiera que fueran, pero sobre todo los ideales terapéuticos, evaluables y mensurables de actualidad.

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En uno de los dos artículos que publicara en L’anti livre noir de la psychanalyse, Clotilde Leguil-Badal se preguntaba de dónde surge la infatuación que generan en el público general las neurociencias que pretenden revelarnos todo sobre el ser humano. Una de las posibles respuestas tiene que ver ciertamente con la responsabilidad, y es la respuesta que explica aquello que en el mismo artículo llamó la paradoja de la época relacionada con el sujeto. Esa misma respuesta explica también la peligrosidad de la grieta política que genera la dicotomía entre psicoanálisis puro y psicoanálisis aplicado. En esa grieta pueden escudarse, dentro del psicoanálisis y silenciosamente, los mismos temores que generan la infatuación del gran público. No es fácil sostener al sujeto todo el tiempo, con su particularidad y sus enigmas. Más nos vale estar advertidos de las grietas y repetir el epígrafe de esta página, que constituye a su vez la última línea de la Ética de Spinoza.


[1] Y arduo debe ser lo que tan raramente se encuentra.


Sebastián Alejandro Digirónimo